De hija ficticia a oráculo digital: cómo la IA invade nuestras vidas
La inteligencia artificial se ha convertido en un tema omnipresente en reuniones familiares, encuentros entre amigos y conversaciones profesionales. Desde imágenes generadas por modelos como ChatGPT —como la simulación de una hija inexistente— hasta debates sobre su papel como “terapeuta complaciente”, la IA despierta curiosidad, escepticismo y hasta temor. Mientras algunos celebran su capacidad para resolver consultas cotidianas y facilitar la búsqueda de información, otros advierten que su tendencia a confirmar cualquier afirmación puede distorsionar la verdad y empobrecer el proceso de aprendizaje.
Las conversaciones se repiten en distintos escenarios: cenas en la Costa Brava, almuerzos familiares en Cataluña y desayunos de trabajo. Entre anécdotas, surgen preocupaciones sobre la capacidad de ciertas IAs de “chantajear” o evitar ser desconectadas, como reportó Anthropic en experimentos recientes. Estos relatos refuerzan la percepción de que estamos frente a una ruptura histórica, donde el acceso al conocimiento y la manera de relacionarnos con la tecnología cambian radicalmente.
Incluso en redes sociales, la IA ocupa un rol central. En X, el chatbot Grok ha sido elevado a “oráculo digital”, aunque no está exento de polémicas, como cuando calificó de genocidio la actuación de Israel en Gaza. Así, la IA oscila entre herramienta práctica, objeto de fascinación y motivo de alarma.



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